Al igual que
otros tantos sectores productivos del país, las investigaciones científicas que se llevan a cabo en diversas
instituciones y universidades también corren el riesgo de perderse a causa de
los constantes apagones.
En esta
ocasión, El Instituto de Ciencias
Ambientales y Ecológicas de la Universidad de Los Andes (ULA) sortea la
dificultad de conservar sus muestras de laboratorios en refrigeradores que frecuentemente quedan sin energía. La escasez de gasolina hace que a
veces tengan que trabajar desde sus casas. En ocasiones, incluso reutilizan
papeles ya impresos para guardar información porque cuesta conseguir nuevos
suministros.
Mientras
Venezuela se desmorona, un equipo de científicos está decidido a ignorar la
turbulencia política y económica y registrar
la desaparición del último glaciar que queda en el país.
Daniel Llambí, ecólogo de la ULA señaló que el trabajo en la montaña es siempre agotador, pero la crisis que padece Venezuela desde la
muerte de Hugo Chávez en el 2013 hace que tareas sencillas resulten grandes
obstáculos.
“Las cosas
que uno da por descontadas en una investigación --la internet, la gasolina, la electricidad-- empiezan a escasear y
todo se hace imprevisible”, expresó Llambí.
Aun así, Llambí
cree que tiene una obligación especial de ayudar a informar al público acerca
del impacto del cambio climático en
un país en el que un ciclo caracterizado por altibajos en la exploración de
combustibles fósiles ha dado forma a la vida de casi todos los venezolanos.
“Nuestra
universidad se encuentra en Mérida, que es llamada desde hace tiempo ‘la ciudad
de las nieves eternas’, observa Llambí. Estamos descubriendo que la eternidad
no dura para siempre. Tenemos que habituarnos a un mundo con cambio climático.

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