De un estado y su capital, que hasta hace poco albergaban belleza y
poder económico, sólo quedan ruinas, basura, escasez de agua y un apagón casi
permanente que lo mantiene desconectado económica, social y políticamente
Hay un estado apagado y una ciudad que se jactó de ser “la
más bella que existe en el continente”, pero del que ya no queda nada. Hay un
estado que era capital petrolero del país y del que ahora sólo hay ruinas.
Moscas, zancudos, calor. No hay luz, no hay agua, hay poco
gas. No hay bullaranga, ni música en las esquinas. Hay cansancio, hay caras tristes,
hay niños que lloran. Hay comercios cerrados y solo unos pocos abiertos. Hay
largas colas para comprar comida y poco efectivo. Es una escena general. Es
Maracaibo en un sin vivir, como dijo una mujer.
El 7 de marzo no fue la primera vez que quedaba a oscuras.
En 2018 hubo al menos 15 apagones generales en la región y, antes, los
racionamientos sin control, sin aviso y sin cronogramas que fueron impuestos a
la región como un plan para suministrar el consumo.
Ahora, Maracaibo parece una ciudad en ruinas que no le hace
méritos a la gaita que la describía como “la ciudad más bella que existe en el
continente”. Ya nada es igual. Hubo un quiebre.
Por eso, en el hogar de María Luisa González hay
desesperación. Vive en una casa a medio construir en el barrio Motocrós, en la
zona noroeste de Maracaibo. En dos cuartos pequeños, una sala a la que le
faltan paredes, y en la que las ventanas y las puertas son huecos tapados con
cartón y lata, conviven 12 personas. Hay siete niños, pero solo tres son sus
hijos, los demás son hijos de su sobrina que se fue a Colombia y de la que no
saben nada desde hace cinco meses.
El esposo de María Luisa, sus dos hermanas y su mamá son los
adultos de la casa. Todos están desempleados, y la mamá de María Luisa está
inválida. Cuenta que tenía una silla de ruedas y se dañó en diciembre; desde
esa fecha, la anciana de 81 años no se levanta de la cama, apenas se sienta y
el colchón donde duerme está inservible.
“Esto no se soporta, con el calor, los apagones, los
zancudos, las moscas y sin agua; lo que están es matándonos a todos. Mi pobre
madre se está pudriendo porque tiene unas ronchas que ya lo que botan es agua y
sangre”.
Esta es apenas una historia que le trastoca la vida a María,
la otra es que sus hijos no han vuelto al colegio desde el 7 de marzo. “Ya aquí
no hay ni buena vida, esto es un sin vivir”.
Regiones apagadas
Los municipios Cabimas, Miranda, Simón Bolívar, Santa Rita,
Lagunillas, Baralt y Valmore Rodríguez, situados en la Costa Oriental del Lago,
están apagados.
Solo reciben entre cuatro y seis horas diarias de energía
eléctrica, sin cumplir cronogramas y, a veces, deben esperar hasta 24 horas
para que regrese la luz a sus sectores.
El calor agobia y desespera a los usuarios, quienes buscan
bolsas de hielo y agua potable para hidratarse y mantener los alimentos. El
apagón del 7 de marzo vació las neveras, y desde esa fecha, en las pocas horas
que llega la luz, solo se enfría agua.
Dimas Rondón, habitante del casco central de Cabimas,
cuestionó la imposibilidad de que un país prospere con la paralización que le
impone el servicio eléctrico. “No hay escuela ni trabajo, todo está cerrado y
tampoco nos podemos comunicar”.
Su hija está en el exterior y cada vez que hay un apagón
Dimas se queda sin conexión telefónica ni de datos. Su operadora móvil queda
sin servicio, pero además es una odisea cargar su teléfono. “Esto es como vivir
aislado del mundo”.
Y es precisamente esa misma realidad la que padecen también
los habitantes de Tía Juana y Ciudad Ojeda, quienes deben movilizarse hasta
Cabimas o hasta el barrio Libertad, en la entrada de Lagunillas, para poder
comunicarse. Otro lugar al que se mueven es hasta el muro de contención, el
cual separa las aguas del lago de Maracaibo de las zonas ubicadas por debajo de
su nivel.
Los comerciantes del centro de Cabimas mudaron sus mesas a
la avenida Intercomunal para vender con puntos electrónicos, porque son los
únicos lugares donde pueden conseguir señal para hacer las transacciones.
En los municipios Baralt y Valmore Rodríguez existen algunas
zonas que reciben electricidad proveniente de plantas de Petróleos de
Venezuela. En los comercios que allí se ubican se consiguen algunos productos,
pero solo se puede pagar en efectivo. Pero justo en esos municipios no hay
entidades bancarias que funcionen, es decir, otro punto cuesta arriba para hacer compras.
El servicio de gas por tubería es casi nulo en la zona, por
lo que las personas que no tienen bombona, deben cocinar con leña. Hacer el
desayuno, almuerzo o la cena se limita a alimentos fáciles de preparar.
Historias del Sur del Lago
Argenis Faría, empresario de la zona Sur del Lago, habilitó
después del primer apagón del 7 de marzo, una planta en su hogar en el sector
Juan de Dios González para que los pacientes pudieran cumplir sus tratamientos,
como, por ejemplo, las terapias respiratorias.
Puso al servicio una bomba de 3HP para que los vecinos se
abastecieran con agua, un vehículo para distribuirla y también sancochos
solidarios a quienes, durante las horas sin luz, acudían con pipotes o bidones.
En esa misma semana entre los días 7 y 11 de marzo, “colocaron un frízer para
que la gente enfriara el agua en recipientes”, destacó el locutor Dílmero
Urdaneta.
El 29 de marzo el sacrificio cobró una vida. Doris González,
de 56 años, una activista comunitaria que se ganaba la vida vendiendo empanadas
frente a su hogar y que durante las últimas semanas obtenía dinero extra,
cocinando para varios reclusos del centro de arrestos preventivos San Carlos,
falleció después de cargar pesados tobos de agua. Según familiares, presentó
síntomas de tensión alta, aunque no había sido diagnosticada como hipertensa.
Días previos al infarto fulminante, ameritó ingreso a un centro
de salud. “Ese día, después de carretear un balde, cayó tendida entre la sala y
el baño. Sus dos hijos no pudieron despedirse de su madre: Doriannys estaba en
Bogotá, Colombia, ganándose la vida fuera de Venezuela y a su hermano, que es
militar, no le dieron permiso para estar en el sepelio de su madre”, contó un
vecino.
“Sentimos indignación y frustración por la muerte de esta
dirigente, carismática y entregada al servicio de los más necesitados”, expresó
el diputado de la Asamblea Nacional, Freddy Paz, al cuestionar que los adultos
mayores pasan los últimos días de su existencia sometidos a jornadas de
cansancio y estrés por el calor y el traslado de agua ya que no llega por
tuberías porque dependen en su totalidad del servicio eléctrico.
Las colas en los establecimientos comerciales del Sur del
Lago eran evidentes. A pesar de que muchos no pueden laborar por los
descontrolados racionamientos, Edwuar Rivas, de 44 años, contó que sus tiempos
libres los dedicó a comprar alimentos para mantener a su familia.
“Esta es una situación injustificada, no puedo trabajar y
necesito mantener a mi familia, ¿quién controla y quién se encarga de hacer
valer nuestros derechos al trabajo y acceso a los servicios?”, se cuestionó
mientras hacía la cola en una panadería donde instalaron una planta que provee
energía eléctrica que opera con gasoil.
Vía: El Pitazo
Vía: El Pitazo

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